lunes, 5 de diciembre de 2011

Juego

Todo empezó como un juego.
Me dio una cera y me pidió
que le pintara la cara.
Cuando fui a por la boca,
mordió picara la cera
y caprichosa susurró:
¡me aburro!
Quiero jugar a otro juego.

Con la cera aún entre los dientes,
junto a un crujido desfalleció
sobre la cama.
Desabotonó los ojales de su camisa
(a propósito lentamente).
Me miró con enfado y exclamó:
¿¡Acaso, lo voy a tener que hacer
todo yo!?
Le agarré la falda y junto con las bragas
se las bajé de un solo estirón.

Antes de que yo pudiera actuar, comenzó:
éstas son las dos únicas reglas del juego
y son capitales.
Primera, solo puedes lamer, besar o
espirar aire, ¡nada más! (enfatizó burlona).
Segunda (levantó graciosamente dos dedos),
no puedes cruzar por estos límites
(con los dos mismos dedos acarició
la línea fronteriza de sus pezones),
ni por aquí (infantil, usando la palma
para esconder su pétalo).

En un principio (aun sin intuir en qué ardid
había caído y considerándome afortunado),
con mi nariz y lengua
recorrí el sendero de su vientre y
donde la saliva aun permanecía fresca,
con el aliento, buscaba el escalofrío.

Al rato perseguí segmentos de su cuerpo
calculando poco a poco, desesperándome
fui tanteando hacia las fronteras de lo áureo,
forzando el pecado.

Ya vencido me agarró del pelo,
con fuerza y cruzando nuestra mirada.
Ella oscura y desconocida y aburrida, me preguntó:

¿Qué me ofrecerías por abandonar el pacto?
En aquel instante
descubierta ya la trampa,
lo adivinaba...
Mi alma estaba perdida.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Como ateo

Mis ojos que se esconden anónimos
lloran como ateos
que imploran sin amparo beatífico,
fuertes, desvergonzados, sin pecados pequeños.

Yo que grito a un cielo sin eco,
falto de vergüenza mis añoranzas
de conquistar su cuerpo a salivazos
y firmar mi victoria con esperma.

Mis ojos aun asi imploran,
tan penosamente...
que mis tripas cobijadas en la garganta
luchan por salir a ahorcarlos.

Necio de mí que por ateo
no supe adivinar sus formas
y ahora como un converso
busco mi ídolo entre sus piernas.